Monte Tláloc y el Cerro del Telapón

           La Sierra Nevada está conformada por los montes Tláloc (4125 msnm), Telapón (4065 msnm), y otros pero de menor importancia y altitud, formando una cordillera de 70 Km. de longitud. El Monte Tláloc y el cerro Telapón son un par de viejos volcanes que se formaron hace 5 millones de años. 


           La investigación arqueo-astronómica apunta a que el adoratorio o tetzacualco de la cima del Monte Tláloc guarda en la orientación de sus muros alineamientos que señalaban fechas relevantes para los mexicas. Por ejemplo, un observador desde la cima verá salir el Sol por detrás de La Malinche y el Pico de Orizaba, al inicio del año que para ellos era el 12 de febrero. También hay relación con otras montañas por medio de líneas visuales que corresponden a otras fechas del calendario ritual y agrícola. La altitud del Monte Tláloc no lo hace un sitio destacado en el paisaje, lo extraordinario del lugar es el tetzacualco y su amplia calzada, Se trata de una calzada de 152 metros que termina en un superficie cuadrangular, donde antes existían muros y dentro se realizaban los sacrificios, que desde el pasado despertaron la atención de ilustres historiadores.

Dicha calzada está desviada a 281º30´, una leyenda dice  que esta calzada sigue la trayectoria solar en determinada fecha del año, hasta pasar sobre el Templo Mayor de México- Tenochtitlán... El tetzacualco exterior mide 50 por 60 metros con diferencias en la alineación de cada muro tanto interior como exterior. A simple vista parece un rectángulo desajustado por la discrepancia en la simetría de sus muros, pero entendemos que esto es intencional ya que cada uno marca distintas líneas visuales a diversos puntos del horizonte como ya se indicó.

El templo de Tláloc era una estructura que “podía verse desde varios kilómetros a la redonda, porque estaba totalmente estucada y pintada de blanco”. Además de ser un observatorio astronómico, “cumplía con funciones de fortaleza defensiva, cuyos muros almenados servían para vigilar la cercana frontera con los tlaxcaltecas”.
El monte Tláloc, ubicado al oriente del valle de México, donde las culturas prehispánicas adoraban al dios de la lluvia y en cuyas faldas se localizan los baños de Nezahualcóyotl, ubicado en Texcoco, es la zona arqueológica más alta del mundo, y ahí cada año iban los emperadores prehispánicos de la triple alianza a rendirle culto a Tláloc para que entregara buenas lluvias a todo el valle de México.
En la geografía sagrada de los mexicas, los cerros cercanos a la gran Tenochtitlan marcaban los cuatro puntos cardinales o los cuatro rumbos de las deidades sagradas: “El monte Tláloc estaba relacionado con otras montañas nevadas, como el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, el Nevado de Toluca (Xinantécatl) y La Malinche (Matlalcuéyetl)”.
Visitado por precepto, en tiempos prehispánicos, por  ricos y pobres. Desde lejanas tierras de centroamérica venían, a pie (se carecía de animales de montar y de carga). Los pueblos del sur  del Valle de México, entre ellos los tlatoanis o reyes de México-Tenochtitlán, debían empezar a subir  desde el pueblo de Coatlinchan. Esta peregrinación es similar a la que se hace actualmente a la basilica de Guadalupe, guardando los respectivos contextos históricos. Es una ascensión de veinte kilómetros y dos mil metros de desnivel, por laderas y cañadas abruptas que aun  los más recios alpinistas de ahora lo pensarían dos veces. Y los pueblos de la rivera oeste, como los de Tacuba y Coyoacán, además tenían que remar antes treinta kilómetros a través del lago de Texcoco para poder arribar apenas a Coatlinchan.

Construir el santuario del monte Tláloc requirió un esfuerzo considerable por la altitud en que se encuentra el lugar. Si en este momento se quisiera reconstruir el tetzacualco en la cima del cerro sería necesario subir 360 camiones de volteo de 6 metros cúbicos de piedra, y otros 40 camiones de tezontle.


Conocido en la antigüedad como un “lugar sagrado de peregrinaje” pero también como un tetzacualco u observatorio astronómico, el Monte Tláloc fue escenario de una serie de ritos relacionados con “el señor del trueno, la lluvia y los mantenimientos”, que tenía la finalidad de propiciar buenas cosechas y una relación armoniosa con la naturaleza.
El templo “es muy antiguo, se ha hallado evidencia arqueológica del 350 d.C.”, además su importancia radica en que fue un importan tetetzacualco u observatorio astronómico, aunque no el único, pues se han encontrado otros tres tetzacualcos en el Iztaccíhuatl y uno más en el Popocatépetl.
Después llegó la conquista en el siglo dieciséis y de inmediato el santuario fue destruido destruido en 1539 por órdenes de fray Juan de Zumárraga porque decía que se llevaban a cabo actos de idolatría  A la luz de la nueva religión la cumbre sagrada fue satanizada y pasó a ser un lugar habitado por demonios, brujas y demás criaturas tenebrosas. Con el tiempo sus muros fueron deteriorándose por los fuertes agentes atmosféricos y por la acción depredadora de los humanos. Las representaciones en roca de Tláloc  desaparecieron y su piso  movido y removido por la acción de los buscadores de tesoros. 

En el sitio donde estuvo el cuarto de Tláloc hay a la fecha un hoyo entre las rocas de al menos dos metros de profundidad.  

En otra foto tomada de la revista La Montaña (editada por el Club Exploraciones de México), en abril de 1932, Pág.10, se ve una escultura que hace muchos años ha desaparecido de la cumbre.

El lugar es frecuentado por los montañistas pues su ascenso, partiendo de Río Frío, es de diez kilómetros, en un desnivel cercano a los mil metros.

el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha registrado a la fecha 176 sitios con evidencia arqueológica, donde destacan varios petrograbados con forma de animales acuáticos o anfibios, entre ellos serpientes, tortugas, lagartos y ranas, que eran elementos de culto al agua.
En el Tláloc se puede observar un fenómeno astronómico que marcaba el inicio del año para los mexicas el 12 de febrero. Además, entre el 7 y 11 de febrero, el sol puede verse sobre las cumbres del Pico de Orizaba (Citláltepetl) y La Malinche, creando un efecto óptico "conocido como la montaña fantasma" donde aparece una montaña que no existe en medio de la ciudad del México visto desde la cima del Monte Tlaloc. Esos cinco días se conocían como nemontemi o días “baldíos o infortunados” o “sobrados” por los aztecas. Así, tenemos un marcador en el paisaje con un error de un día cada cien mil años, lo que permitía ajustar el calendario”.
Existe un anécdota de suma importancia sobre el que hay que profundizar. Durán relata que los tlatoanis y gente importante que subía a la ceremonia anual, llevaba comida y presentes que dejaban en el recinto donde había tenido lugar la práctica ritual. Pero gente de los pueblos adyacentes próximos subían después a comerse los alimentos de los dioses.
A raíz de esto los aztecas adoptaron la práctica de dejar cien guardias durante algunos días (hasta que los alimentos entraran en descomposición, que era la señal de que los dioses habían tomado su esencia), para impedir ese sacrilegio. No obstante, la gente seguía subiendo a comer. Como los mexicanos eran muy ladinos, dice el historiador, se fingían dormidos y dejaban que los otros comieran hasta llenar. Cuando consideraban que ya estaba pesados por el proceso de la digestión, salían y mataban a todo el que dieran alcance.
El que conoce esta montaña ( diez o quince kilómetros de distancia y unos dos mil metros de desnivel  a una altitud arriba de los 4 mil) sabe que es lo más absurdo.  Se gasta más energía en ascender y bajar tales desniveles, a esto le agregamos que el clima es muy cambiante y estos personajes arriesgaban la vida. Además en el México prehispánico a nadie se le ocurriría semejante sacrilegio de robar el alimento de los dioses. Eso se puede pensar en la cultura occidental pero no en la cultura mexica.
Lo más probable que dentro de las ofrendas llevadas a los dioses, también se incluían numerosos tesoros en oro, joyas preciosas, plumas, pieles y cacao que tentaban a los pobladores de la región de arriesgar su vida por ir por algún recuerdito para su casa.




El Cerro del Telapón con sus nada fáciles 4065 metros es ideal para las personas que quieran iniciarse en el mundo de la Alta montaña, lo pueden acceder con la mínima dificultad, familias enteras, tanto niños como adultos. Claro con las algunas excepciones.

Desde su cima es posible admirar desde una ángulo muy singular el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, asi como al Monte Tláloc, cuya cima era muy importante para los Aztecas.


Actualmente el Cerro del Telapón tiene un muy hermoso monumento dedicado al Sagrado Corazón y lugar de culto tanto católico como de rituales prehispánicos modernos. Así como de numerosos ascenso recreativos y deportivos.

Si quieres realizar una caminata o ascenso al Monte Tláloc o al Cerro del Telapón vía Rio Frio o Llano Grande o requieres mayores informes búscanos en: 
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O escribenos al correo electrónico: contactoamoxpouhque@yahoo.es
Con gusto te atenderemos.

Comentarios

  1. hola, el sabado pasado lo visite por el lado de san pablo ixayoc en texcoco y es espectacular. ademas los caminos estan bien conservados y su gente muy amable.

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  2. hola, el sabado pasado lo visite por el lado de san pablo ixayoc en texcoco y es espectacular. ademas los caminos estan bien conservados y su gente muy amable.

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  3. El domingo pasado lo visitamos varias personas por el lado de San Pablo ixayoc subimos y llegamos hasta la cima pero no llegamos al lugar de la zona arqueológica, vi como que sin varias cimas. Por qué pueblo es más fácil el o más corto el acceso ? Ah y por cual pueblo se llega a la zona arqueológica ?

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