GRACIELA SIQUEIROS ARANDA. EL REFUGIO CONSTRUIDO CON EL CORAZÓN DE UNA MUJER INQUEBRANTABLE
A veces la historia del montañismo en México olvida nombres que no solo
conquistaron cimas, sino que hicieron posible que otros lo lograran. Hoy
queremos rescatar del olvido a Graciela Siqueiros Aranda, (Nada que ver
con el pintor David Alfaro Siqueiros como muchos dicen), una mujer que en el
México de los años 50’s, decidió que el Iztaccíhuatl necesitaba un refugio.
Su
historia no es solo de alpinismo; es un tratado sobre la determinación
inquebrantable, como ella lo dice:
“No trato de herir
susceptibilidades de nadie y si a veces soy irónica en mis expresiones, es
debido a que algunas personas, con su actuación fanfarrona, indiferente o
grosera, retardaron mi labor, ocasionándome disgustos y pérdidas de tiempo.
Espero que al leerme vean que su manera de ser causó desaliento y puede hacer
retroceder la mejor voluntad”.
Vender
cremas para comprar un sueño
Imagina
la escena: un círculo de "expertos" montañistas que la miraban con
escepticismo o indiferencia. Graciela que pertenecía y era presidenta del Club Mex-Rail, así se describía “nunca
me he considerado ni siquiera excursionista, solamente soy una aficionada que
gusto de contemplar bonitos paisajes y me he sentido simple espectadora del
excursionismo”. Tenía un pequeño negocio de cosméticos, no era de una
familia rica o acomodada, pero si una enorme voluntad. Financió la construcción
del albergue de "Láminas" vendiendo botellitas de crema en
bailes y fiestas de clubes, enfrentando desde la burla hasta la caridad
condescendiente de quienes le decían que "andaba pidiendo limosna".
Ella menciona que tuvo que soportar situaciones como estas:
“Las
dos señoritas sobrinas del “Chato”, con trabajos vendieron 24 (botellitas) a
cambio de bailar con los engorrosos asistentes que ya medio tomados no
entendían de razones.
“José Llaca… y su idea del Grupo de los Cien, sabía de la necesidad de
Albergues, creyendo por esto, que podía esperar su ayuda. Pero, qué grande fue
mi sorpresa al escuchar su franca opinión, que yo andaba pidiendo limosna y
queriendo arreglarlo mejor, para quitar mi molesta presencia, me dejó cien
pesos en la mano…”
Cuando la
suerte te da la espalda, la montaña te da esperanza
Graciela
no solo luchó contra los prejuicios sociales. La logística de su proyecto fue
una carrera de obstáculos que habría quebrado a cualquiera:
- Recursos agotados:
Cada centavo salía de su propio esfuerzo físico y comercial.
- Mano de obra y madera inútil:
Tras meses de acarreo, descubrió que la madera conseguida no resistiría
las condiciones de la alta montaña. El oyamel se desquebrajaría. El
trabajo de semanas corría peligro y parecía perdido por las lluvias y mal
clima que amenazaban su proyecto.
- Contratiempos humanos: “Salvador
Tovar que estaba comprometido para dirigir la construcción del Albergue,
se había ido al Chimborazo”, dejándola sola con la responsabilidad
y las deudas.
La
alianza con la montaña: El pueblo de San Rafael y la fe
Pero la
perseverancia tiene una recompensa: atrae a las personas correctas.
Mientras
los círculos sociales de la ciudad le daban la espalda, Graciela encontró en la
gente de San Rafael, como el
legendario Don Lencho, su esposa doña Luisa y el niño de diez años Flavio
(que les decía cariñosamente mis compadritos de la cuesta), “al
señor Carmona que era Presidente del Club “Guardianes de la Montaña” (antes
Exploraciones de México Sección San Rafael), al señor Manuel Noroña, socio de
su Club y Jefe de empleados de la fábrica de papel San Rafael”, al
leñador Ricardo Pérez. Ellos no veían a una "intrusa",
veían a una mujer con una visión.
En una
ocasión cuenta Graciela que “El señor Manuel Noroña, enterado de mis
apuros, tuvo la buena intención de ayudarme, gestionando que se dedicara para
el Albergue una función de cine ahí en San Rafael. Yo proporcionaría una
película de tipo alpino y la Junta de caridad que controla el cine, arreglaría
otra, de interés general para los lugareños. Volví a hacer antesala en el
Sindicato de Cinematografistas, y fue un ir y venir hasta lograr que me
prestaran, por tres días consecutivos (que es el tiempo que dura cada programa
de cine en San Rafael) dos películas, Alma de Alpinista y Tragedia en los Alpes.”
¿Por
qué recordarla hoy?
Graciela
Siqueiros nos enseñó que el verdadero coraje no es la fuerza para seguir
adelante, sino continuar luchando cuando las fuerzas son escasas. A pesar
de la mala suerte, de los aguaceros que empapaban su madera y de las voces que
le decían que no pertenecía a ese mundo, ella siguió adelante. No buscaba
gloria, buscaba seguridad para los demás.
Su
mensaje resuena hoy más que nunca: "Si el camino no existe, se
construye; y si la madera no sirve, se levanta la piedra."
Que la
próxima vez que subamos a la "Izta", recordemos que hubo una mujer
que, entre botellitas de crema y desprecios, levantó un lugar seguro para
protegernos del frío.
Ella fue el ave que a pesar de tener todo en contra, siempre voló contra
el viento.
Fuente: Revista “Alpinismo” Edición de aniversario. Octubre 1951
"¿Conocías la
historia del Albergue de Láminas? Etiqueta a esa persona que nunca se rinde
ante los contratiempos."
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