Volcán Malintzin, mal llamada Malinche

La MALINTZIN es la quinta montaña más alta de México con 4430 msnm, es un cono volcánico aislado de otras montañas lo que le hace sobresalir en el valle.



En sus faldas surgen algunas cumbres, de menor importancia como el pico de Xaltonele, el cráter Xalapasco y el Cerro Cuatlapanga.

Se localiza en el Parque Nacional Malintzin ubicado al sur-oriente del estado de Tlaxcala, y el centro del estado de Puebla en México, forma parte del eje Neovolcánico Transversal. El Parque Nacional La Malintzin es el quinto parque con mayor extensión de los 85 parques nacionales considerados en México.
Su nombre proviene de la diosa Malintzin, Matlalcueye o Chalchitlicue (que significa del náhuatl: vestida o ceñida con un faldellin o la de las naguas azules) pero en la actualidad su nombre original se ha deformado hasta llamarla simplemente LA MALINCHE confundiendo su origen con la indígena que sirvió de traductora a Hernán Cortés (totalmente equivocado y nada que ver producto de la ignorancia o como justificación de quienes ponen pretextos para no alcanzar su cumbre,) incluso en diferentes ascensos escuchamos comentarios, por ejemplo: "recibe el nombre de la Malinche porque es una montaña muy traicionera" o " es una montaña que difícilmente deja que una mujer suba a su cumbre" argumentos falso ya que es posible ver muchas mujeres en su cumbre y todas en perfecto estado de salud... en fin la Malintzin es una montaña sumamente importante y la importancia ritual de la montaña es manifiesta en diversas fuentes históricas. Fray Juan de Torquemada en su obra "Monarquía Indiana" (1977), en el Capítulo XXIII del Libro VI, hace referencia de su veneración:

"Esta sierra fue en el tiempo de su gentilidad de grandísima veneración, y en ella adoraban a la diosa Chalchihuitlycue, aunque los tlaxcaltecas la llamaron Matlalcueye, que quiere decir vestida o ceñida de un faldellín, o nahuas azules, de color de la flor de matlalin; tiene dos leguas de subida y está cercada la montaña toda de pinos y encinas, hasta más de la mitad; luego descubre el cuello pelado de la montaña, aunque muy herboso; y en lo alto hace a manera de cabeza pelada o peñascosa, y llamase de esta manera porque la montaña que la ciñe y rodea hace vistos azules de lejos a los que la miran, y los más de los años toma nieve, la cual en pocas sierras de esta Nueva España se causa por ser muy templada. Es esta sierra redonda rodea más de quince leguas; por esta causa y por armarse en ella todos los aguaceros que riegan a Tlaxcalla y sus comarcas la tuvieron por lugar sagrado, y a Chalchihuitlycue o Matlalcueye por diosa de ella, y por la misma razón tenían aquí los indios grande adoración e idolatría; a la cual venía gente de sus alderredores a pedir agua, cuando alguna vez les faltaba, ofreciendo grandes ofrendas y sacrificios. Llamaron a esta diosa Matlacueye, que quiere decir encamizada de azul, y asi la denominan de el color de ella, por esto decían a éstay al dios Tláloc señores del agua; pero en Tetzcuco y México era muy honrado Tláloc; y en Tlaxcalla, Matlalcueye"
Este culto era tan relevante entre los indios a inicios del Virreinato, que el mismo fray Martín de Valencia se vio obligado a actuar contra la idolatría según lo refiere el mismo Torquemada (1977) en el Capítulo XI del Libro XX.

No obstante, en el análisis hecho por Elsa Frost, en 1977, determina que la fuente del relato corresponde a fray Jerónimo de Mendieta en su obra Historia Eclesiástica Indiana, quien hace el informe de las memorias de fray Bernardino de Sahagún: "Este santo varón, fray Martín de Valencia, siendo guardián en el convento de Tlaxcalla, supo cómo en la sierra grande que le cae a esta ciudad al oriente, se veneraba y adoraba una diosa llamada Malalcueye, y la tenían por patrona y abogada de las lluvias y agua, a la cual invocaban en los años estériles y secos. Y para desarraigar y destruir esta perniciosa idolatría subió arriba, a lo alto de ella, el santo varón y quemó todos los ídolos y adornos idolátricos que halló en ella y levantó la cruz de nuestro salvador Jesucristo, y hizo una ermita, que llamó San Bartolomé. Al cual glorioso apóstol le dio Dios poderío sobre los demonios para atarlos y desterrarlos y confundir su poder. Puso en la ermita quien la guardase para evitar y prohibir que nadie más de allí adelante invocase y llamase al demonio dándoles a entender a los indios cómo solo Dios da el agua y a él solo debe pedirse".


Fray Toribio de Benavente o Motolinía (1967) en su Tratado I, capítulo X de la Historia de los Indios describe el ritual celebrado en la cumbre:"Había en esta ciudad de Tlaxcalla, entre otras muchas fiestas, una al principal demonio que ellos adoraban, la cual se hacía en el principio del mes de marzo de cada año porque la que se hacía de cuatro en cuatro años, era la fiesta solemne para toda la provincia, más esta otra que se hacía llamábanla año de dios. Llegado el año levantábase el más antiguo ministro o Tlamacazque que en estas provincias de Tlaxcallan, Huexotzinco y Cholollan había, y predicaba y amonestaba a todos, y decíales: “Hijos míos: ya es llegado el año de nuestro dios y señor; esforzaos a servir y hacer penitencia: y el que se sintiese flaco para ello, sálgase dentro de los cinco días; y si se saliere a los diez y dejare la penitencia, será tenido por indigno de la casa de dios, y de la compaña de sus servidores, y será privado, y tomarle han todo cuanto tuviese en su casa”. Llegado el quinto día tornábase a levantar el mismo viejo en medio de todos los otros ministros, y decía: “¿Están aquí todos? Y respondían: Sí (o faltaban uno o dos, que pocas veces faltaban) Pues ahora todos de buen corazón comencemos la fiesta de nuestro señor”. Y luego iban todos a una gran sierra que está de esta ciudad cuatro leguas, y las dos de una trabajosa subida, y en lo alto, un poco antes de llegar a la cumbre, quedábanse allí todos orando, y el viejo subía arriba, donde estaba el templo de la diosa Matlaluege, y ofrecían allí unas piedras, que eran como género de esmeraldas, y plumas verdes grandes, de que se hacen buenos plumajes, y ofrecía mucho papel e incienso de la tierra, rogando por aquella ofrenda al señor su dios y a la diosa su mujer, que les diese esfuerzo para comenzar su ayuno y acabar con salud y fuerzas para hacer penitencia. Hecha esta oración volvíase para sus compañeros y todos juntos se volvían para la ciudad"


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Comentarios

  1. Gracias Aarón por el brevario cultural, las fuentes del mismo, sin duda ya me sacaste de mi ignorancia o desconocimiento de la montaña Malintzin que he visto tantas veces en mis viajes por esa carretera de Apizaco a Huamantla, sin duda leí sobre la Malintzin traductora de Hernán Cortés, y sabía que el nombre de "Malinche" era erróneo, lo que desconocía totalmente era el culto a la Diosa Matlalcueye.
    Gracias por la información, la cual este aficionado a la cultura e historia se ha fascinado con ella.
    Saludos

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