MANICOMIO GENERAL DE LA CASTAÑEDA "El Palacio de la Locura"


“La casa de mis sueños está callada y triste, esperaba con ansia tu llamada a mi puerta; mas volaron las horas y aún la espera subsiste, y pasaron los años y aún se encuentra desierta.”
José Luis Requena


Para celebrar el centenario de la Independencia de México. Porfirio Díaz inició las realizó numerosas construcciones. Entre las obras se conto con la victoria alada, conocida por monumento a la Independencia, donde un coro de niños entonó con singular alegría el Himno Nacional Mexicano, otra obra fue el Palacio Postal, en las calles de San Juan de Letrán obra sin precedente. El manicomio de la Castañeda, cerca del rio de Mixcoac. El museo de Historia Natural, hoy del Chopo en Santa María la Rivera. Pendientes quedaban el Palacio Legislativo y el gran Teatro Nacional o de Bellas Artes.

El 1º de Septiembre de 1910, El Presidente de México Porfirio Díaz inició esta fiesta por el centenario, inauguró el Manicomio General, ubicándolo en los terrenos de la hacienda de la Castañeda, cerca de la ciudad de Mixcoac, hoy parte de la delegación Álvaro Obregón.


Diseñado por el Ingeniero Salvador Echegaray y construido por el teniente coronel Porfirio Díaz (hijo), el nosocomio estaba dividido en pabellones para pacientes tranquilos, epilépticos, distinguidos, peligrosos e incluso “imbéciles” (o faltos de razón para la época), entre otros. Derivado del plan de salud del Presidente Díaz, el novedoso conjunto -que también tenía edificios hospitalarios- estaba protegido con rejas de hierro, murallas y torres de vigilancia. La fachada se distinguió por dos rampas y una hermosa escalera central. Dotado con los más modernos adelantos médicos, tenía un área destinada a tratamientos de electroterapia, hoy cuestionables. En estilo francés, se construyó en 14 meses a un costo de dos millones de pesos, toda una fortuna en esos días.

Durante aquella inauguración, la élite política, acompañada de embajadores y cónsules, familias prestantes y destacados empresarios, recorrió las instalaciones, asombrada ante las celdas para pacientes peligrosos y atenta a las palabras del “arquitecto de la locura”, Porfirio Díaz hijo, y del psiquiatra José Mesa Gutiérrez, (aunque a este último no se le escuchó porque “habló muy bajito”). En la alocución de Díaz quedó claro que México se ponía al nivel de las principales ciudades del mundo en el tratamiento de las enfermedades mentales.

Según los periódicos, México incursionaba, por fin, en la psiquiatría “moderna”, dejando atrás aquellas vetustas celdas oscuras donde las almas de los locos languidecían olvidados por la ciencia. Había una confianza generalizada en que el novísimo manicomio, además de ofrecer tratamiento médico adecuado, se convertiría en el espacio para la formación de nuevos médicos interesados en escudriñar los secretos del cerebro.
Con el paso de los años, y debido a las múltiples irregularidades del manicomio, se tejió la leyenda negra que lo consolidó en el imaginario colectivo como un sitio marcado por atropellos, maltratos, atrocidades, abusos y corrupción, donde los pacientes morían en el hacinamiento, víctimas de hambre, epidemias y una alarmante insalubridad.

MANICOMIO GENERAL DE LA CASTAÑEDA EN CONSTRUCCIÓN (APROX 1909)

Durante las casi seis décadas que funcionó, sus instalaciones se deterioraron, y pasó de los mil internos calculados originalmente a mas de tres mil, por lo que en 1968 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz decidió derruirlo días antes del inicio de la olimpiada, en lo que se conoció como “Operación Castañeda", enviando a los pacientes a las nuevas granjas-hospital.
En el terreno se construyeron las Torres de Mixcoac, obra de Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky, utilizando parte de sus murallas, mientras que la fachada fue comprada y llevada a Amecameca, Estado de México, a una propiedad de los legionarios de Cristo. La gente de Mixcoac dice que de noche aun se escuchan los lamentos de antiguos internos.
Manicomio General La Castañeda, vista de la Fachada

En 1968  ICA (Ingenieros Civiles Asociados, a por medio de Bernardo Quintana) ganó la licitación para la demolición de las casas que estorbaban el trazo del periférico. Dentro de la ruta estaba La Castañeda. Don Bernardo, nada tonto, ante la belleza arquitectónica del inmueble la desarmó literalmente piedra por piedra y la llevó a unos terrenos que tenía cerca de Amecameca, donde por cierto están los restos de la primera fabrica de cerveza que se instaló en América.
Ahí la familia Quintana la utilizaba para sus fiestas particulares y años después, enamorados por Marcial Maciel, Sacerdote fundador de los Legionarios de Cristo, donaron esos terrenos para que estos hicieran sus retiros espirituales y demás eventos.
Para evitar el deterioro del inmueble, años después el Sr. Slim les construyó un pequeño edificio (parecido a un hotelito gringo), muy funcional con un par de docenas de habitaciones para sus servicios religiosos.
Gracias a que se constituye una propiedad particular la Castañeda sigue soberbia e intacta. Con el triste desenlace de Maciel y Cia. (Hay que recordar que el fundador los Millonarios de Cristo, fue pederasta, tuvo hijos violando sus votos de castidad, era adicto al demerol, y se plagió un libro de meditaciones)  sepa Dios quien acabará siendo el dueño de la Castañeda.





                                                                                                                                 

Comentarios

  1. Presentación del Dr. Jesús Siordia (1907-1977), circa 1974, en el Simposium Sobre la Historia de la Psiquiatría en Mexico, llevado a cabo en la casa de los Señores Quintana de Amecameca, Estado de México.

    El frente de dicha casa particular en Amecameca, formaba parte del frontispicio del edificio principal del pasado hospital para enfermos mentales llamado Manicomio General de la Ciudad de México, que se encontraba en Mixcoac y cuyas magníficas rejas se abrían en donde terminaba la Calle de la Castañeda y al cruzar los rieles del Antiguo Ferrocarril de Cuernavaca.

    “Debo dar un voto de agradecimiento a los Señores Quintana porque siendo personas que nunca han tenido el menor interés por la psiquiatría tuvieron la idea de adquirir este precioso edificio estilo victoriano francés por su belleza arquitectónica cuando la obligación moral de defender éste edificio y más que el edificio, toda la institución del Manicomio General de la Castañeda, era de los psiquiatras mexicanos de la época que no lo supieron hacer.

    “El Manicomio de la Castañeda fue objeto de una campaña cruel, perversa, para desacreditarlo, para declararlo obsoleto cuando apenas tenía 50 y tantos años de haber sido inaugurado. Treinta edificios sólidos que podían haber sido eternos. Con apoyo oficial de las autoridades se desató una campaña de descrédito de ese hospital. Autoridades del país que necesitaba muchos más hospitales además de ese, apoyaron esta campaña de descrédito permitiendo su destrucción simplemente por la voracidad y la corrupción de los funcionarios que lo vendieron.

    “Debe saberse que este Manicomio con 47 hectáreas fue vendido en 47 millones de pesos, es decir, un millón de pesos por hectárea, incluyendo sus treinta y tantos edificios.

    “Debe saberse también que cuando se les invitó a ustedes, antiguos compañeros médicos del Manicomio, a unirse para defender a un hospital que les había permitido su formación profesional, en lugar de resguardarlo, a cambio de ocupar plazas, ocupar posiciones en la “famosa” nueva organización, no habían querido unirse para defenderlo.

    “El Manicomio se declaró obsoleto a pesar de no tener ni 60 años de servicio. Quién se atreve en Francia, en París, a declarar obsoleto el Hospital de la Salpétriére que fundado por Luis XIV sigue manteniéndose como magnífico hospital general y psiquiatrico y que fuera el ejemplo a seguir en la construcción del Manicomio! Vetusto, antiguo hospital histórico de París, totalmente modernizado en sus instalaciones interiores.

    “En la misma época en que la Asociación Psiquiatrica Americana suprimía el Bellevieu Hospital en la C. de New York por estar construído en un edificio de catorce pisos, considerándose los edificios elevados como los más inadecuados para enfermos psiquiátricos, aquí en la C. de Mexico se destruía el magnífico hospital con sus muchos terrenos para terapia ocupacional, talleres y huertas. El enfermo mental eventualmente y por generaciones a venir se condenaba literalmente, a estar enjaulado en un edificio de 9 pisos, quitándole la posibilidad de una estancia más humana en el amplio nosocomio.

    “Insto a los médicos psiquiatras jóvenes aquí presentes, y a los médicos del futuro, a luchar por sus instituciones educativas. Aún el hospital que ahora tienen, es su campo de aprendizaje, es su libro abierto. En lugar de sentirse desesperanzados hacia el futuro, en lugar de declararse impotentes ante las injusticias y atropellos de las autoridades en el pasado, es importante y obligatorio saber y conocer la historia: Nuestra historia y la de nuestras instituciones más apreciadas y valederas, pero fortalecer y defender lo que de valor tengan y nos ofrezcan para la posteridad y las generaciones a venir.”

    Dr. Silvia Siordia transcribe lo anterior del original, el 14 de febrero de 2016.

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  2. Presentación del Dr. Jesús Siordia (1907-1977), circa 1974, en el Simposium Sobre la Historia de la Psiquiatría en Mexico, llevado a cabo en la casa de los Señores Quintana de Amecameca, Estado de México.

    El frente de dicha casa particular en Amecameca, formaba parte del frontispicio del edificio principal del pasado hospital para enfermos mentales llamado Manicomio General de la Ciudad de México, que se encontraba en Mixcoac y cuyas magníficas rejas se abrían en donde terminaba la Calle de la Castañeda y al cruzar los rieles del Antiguo Ferrocarril de Cuernavaca.

    “Debo dar un voto de agradecimiento a los Señores Quintana porque siendo personas que nunca han tenido el menor interés por la psiquiatría tuvieron la idea de adquirir este precioso edificio estilo victoriano francés por su belleza arquitectónica cuando la obligación moral de defender éste edificio y más que el edificio, toda la institución del Manicomio General de la Castañeda, era de los psiquiatras mexicanos de la época que no lo supieron hacer.

    “El Manicomio de la Castañeda fue objeto de una campaña cruel, perversa, para desacreditarlo, para declararlo obsoleto cuando apenas tenía 50 y tantos años de haber sido inaugurado. Treinta edificios sólidos que podían haber sido eternos. Con apoyo oficial de las autoridades se desató una campaña de descrédito de ese hospital. Autoridades del país que necesitaba muchos más hospitales además de ese, apoyaron esta campaña de descrédito permitiendo su destrucción simplemente por la voracidad y la corrupción de los funcionarios que lo vendieron.

    “Debe saberse que este Manicomio con 47 hectáreas fue vendido en 47 millones de pesos, es decir, un millón de pesos por hectárea, incluyendo sus treinta y tantos edificios.

    “Debe saberse también que cuando se les invitó a ustedes, antiguos compañeros médicos del Manicomio, a unirse para defender a un hospital que les había permitido su formación profesional, en lugar de resguardarlo, a cambio de ocupar plazas, ocupar posiciones en la “famosa” nueva organización, no habían querido unirse para defenderlo.

    “El Manicomio se declaró obsoleto a pesar de no tener ni 60 años de servicio. Quién se atreve en Francia, en París, a declarar obsoleto el Hospital de la Salpétriére que fundado por Luis XIV sigue manteniéndose como magnífico hospital general y psiquiatrico y que fuera el ejemplo a seguir en la construcción del Manicomio! Vetusto, antiguo hospital histórico de París, totalmente modernizado en sus instalaciones interiores.

    “En la misma época en que la Asociación Psiquiatrica Americana suprimía el Bellevieu Hospital en la C. de New York por estar construído en un edificio de catorce pisos, considerándose los edificios elevados como los más inadecuados para enfermos psiquiátricos, aquí en la C. de Mexico se destruía el magnífico hospital con sus muchos terrenos para terapia ocupacional, talleres y huertas. El enfermo mental eventualmente y por generaciones a venir se condenaba literalmente, a estar enjaulado en un edificio de 9 pisos, quitándole la posibilidad de una estancia más humana en el amplio nosocomio.

    “Insto a los médicos psiquiatras jóvenes aquí presentes, y a los médicos del futuro, a luchar por sus instituciones educativas. Aún el hospital que ahora tienen, es su campo de aprendizaje, es su libro abierto. En lugar de sentirse desesperanzados hacia el futuro, en lugar de declararse impotentes ante las injusticias y atropellos de las autoridades en el pasado, es importante y obligatorio saber y conocer la historia: Nuestra historia y la de nuestras instituciones más apreciadas y valederas, pero fortalecer y defender lo que de valor tengan y nos ofrezcan para la posteridad y las generaciones a venir.”

    Dr. Silvia Siordia transcribe lo anterior del original, el 14 de febrero de 2016.

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